Entrevista por Paola Castillo
Para esta entrevista, Revista Nómada obtuvo el privilegio de entrevistar al señor José Ramón Flores Viveros, ex alpinista coatepecano que ha tenido la oportunidad de escalar diferentes montañas en Latinoamérica. Entre sus logros, ha hecho montañismo en México con el Pico de Orizaba, Iztaccíhuatl y el Cofre de Perote; en Bolivia, el Huayna Potosí; en Ecuador, Cotopaxi y el Chimborazo, el más alto del país; y por último, en Perú, Huascarán.
En la entrevista, el señor Ramón nos contó las situaciones de vida que ha tenido que experimentar a lo largo de su vida, pues para él, se ha topado con diferentes retos que lo han hecho superarse a sí mismo y tener una catarsis. Unas de esas experiencias, lo llevó a entrar en alcohólicos anónimos y encontrar la motivación para salir de ahí a través de la misteriosa montaña.
En un primer momento, Ramón nos contó que inició en este deporte a la edad de catorce años, sin una idea mínima de qué era realmente el montañismo. Pues en su momento, lo veía como un simple juego y no tenía consciencia de lo que representaba, y por ende, fue un rotundo fracaso. Él aseguró que la idea que llevaba era totalmente errónea, pues pensaba que era como un día de campo, y que incluso, su mamá en aquel momento le dio cubitos Maggie y sus compañeros le decían “oye, tu mamá ya no quiere que regreses, ya hasta te puso cubitos, ya no quiere que regreses a tu casa”. Él juró y perjuró que jamás regresaría a hacer tal cosa, ni siquiera tener la idea de involucrarse en ello. Sin embargo, justo un año después, con una mentalidad más fría, seria y con respeto a la actividad, hizo su primer alta montaña en el Cofre de Perote.
A pesar de que lo hizo de una forma más consciente y que, hasta el día de hoy, que ya ha tenido experiencias en varias montañas, él dice: “es curioso, la montaña realmente la disfrutas cuando estás de nuevo en el asfalto, porque es cuando empiezas a tener consciencia del poder tan grande como ser humano, ese poder psíquico y emocional, aunado al físico. Además, reniegas cuando vas subiendo, porque subes con hambre, con sed y con lo que comúnmente le dicen el mal de montaña, una especie de sensación como si estuvieras con resaca”. Agregó que ya cuando estás en la cumbre, sí es algo sublime y sí hay un disfrute de escalar, pues justo en ese momento es cuando te pones a llorar y en su caso, cuando le das gracias a Dios y a las personas que te apoyaron.
El menciona que cuando el subía a cada montaña, tenía el miedo, no solo por escalar, sino incluso por el temor de toparse con la muerte y de no poder regresar con vida. Y por otro lado, él le da un significado severo, pues en la cuestión de escalar, él cree que es un misterio emocional, porque “allá arriba te encuentras a uno mismo, encuentras lo que aquí en el asfalto has extraviado, pues allá arriba te encuentras con tus propios demonios”. ”La montaña para mí fue mi psiquiatra y terapeuta favorita”
“El miedo es bueno y necesario, pues nos hace no cometer errores”, justo por ello, el señor Ramón mencionó una frase que dice Ricardo Torres Nava, un alpinista que escaló la montaña más grande del mundo: “Cada quien tiene su propio Everest”, “El Everest más difícil es el Everest diario que tienes cuando te paras”.
Su peor miedo escalando fue en Bolivia, lo describió de tal manera porque en algún momento del viaje, como el menciona, tuvo ganas de ir al baño y sin avisar o preguntar, se metió en un glaciar de estructura débil. Su guía le dijo: “No vayas a correr, por el amor de Dios, no vayas a correr.” Él bajó la mirada y se dio cuenta que estaba parado justo en una grieta con una capa de hielo delgada. Para él fue impactante no solo por la impresión de cuán en peligro estaba su vida, sino también porque el mismo guía le confesó que un año antes, un hombre japonés se cayó justo en esa grieta y falleció. “Cuando vas en la montaña, siempre ves para arriba, entonces cuando tu volteas hacia abajo, viene un miedo tremendo, una caída sería de muerte, puedes caer en la paranoia” “Te tienes que preparar con mucha responsabilidad […] porque sino, pones en peligro la vida de uno mismo, o la de alguien más ”
El señor Ramón nos relató que él llegó al deporte por una adicción, por el alcohol, pues este gobernó su vida aproximadamente por trece años. “Todo comenzó como comienza la fiesta, como algo inofensivo, como una diversión. Conmigo inició por un miedo brutal, miedo a la sociedad, miedo a interactuar, por sentir pena, ser juzgado, sentirme señalado”. “A los dieciséis descubrí que era otro, con unas copas ya podía hablar con otros, ya podía bailar e interactuar con las personas. Los primeros años lo disfruté en la universidad de alguna manera, después de eso vino el sufrimiento, porque el alcohol toma el control de todo”. “A los veintinueve me colapsé después de una carrera de ocho días de tomar día y noche, llegué a un punto donde dije, o me quito la vida o busco ayuda, y no tuve el valor para quitármela. Entonces busco ayuda pero ya no quiero esta vida para mí”.
Él llegó al grupo de Alcohólicos Anónimos por su propio pie a la edad de veintinueve años. “En eso, empiezo a entrenar, a hacer ejercicio. Me iba los domingos al Cofre de Perote y me fue surgiendo la idea, yo necesitaba más, si yo no buscaba ese algo era probable que volviera yo a recaer”. Por ello recurrió a la montaña de nuevo. “La montaña fue mi catarsis, empecé a entender que ese sueño de escalar, necesitaba un compromiso más fuerte, conmigo mismo y respeto con la montaña. El alcohol fue un mal recuerdo en mi vida”.
Por otro lado, otro golpe duro en su vida fue cuando tenía todo listo para ir a Perú, al Huascarán en junio de 2003, sin embargo, su padre falleció 4 meses antes. Aún así, por motivos de logística y los pagos del viaje, asistió para escalar la montaña. “Yo era el desánimo en persona, la tristeza y depresión. Me desbarató totalmente”. “Fui, es lo que finalmente hubiera querido mi papá y regresé con otra mentalidad, otro ánimo”.
Finalmente, el señor Ramón comentó que el deporte es una herramienta, no solo el alpinismo, sin embargo, este en especial, te da muchas horas para pensar y estar lejos del asfalto. Y deja una frase que oyó en la radio y que le gustó para dejar huella en la Revista: “Las cosas no son, las cosas van siendo”.